Review: Assassin’s Creed Black Flag Resynced

A veces un remaster o remake no sirve para demostrar cuánto avanzó una saga, sino para recordar que hace más de diez años ya había encontrado el camino correcto.

Cuando Ubisoft lanzó el primer Assassin’s Creed en 2007 muchos nos sorprendimos por lo fresco de la nueva propuesta y creo que no imaginábamos que ese título seria el puntapié inicial de una saga tan extensa.
Pero si hay un Assassin’s Creed que logró poner de acuerdo a casi todos los fanáticos de la saga…
No fue Assassin’s Creed II
No fue Brotherhood
Tampoco Origins o Valhalla
Fue, sin lugar a dudas, Black Flag de 2013, con la historia de un pirata que ni siquiera quería convertirse en asesino. Y quizás ahí estuvo su mayor virtud…


Edward Kenway nunca fue el típico héroe dispuesto a salvar al mundo. Era un aventurero, un oportunista y, por sobre todas las cosas, un hombre que perseguía la libertad. Gracias a eso Ubisoft consiguió algo que parecía imposible: que por primera vez dejáramos de preocuparnos por la guerra entre Asesinos y Templarios para empezar a vivir la fantasía de ser piratas.
Sirvan estas líneas que acabo de escribir como una invitación a conocer de qué va el juego para aquellos que nunca jugaron el original.

Hoy, más de una década después, Ubisoft decide traerlo de regreso con Assassin’s Creed Black Flag Resynced. Y la sensación que deja este remake es tan satisfactoria como contradictoria.
Porque además de actualizar uno de los mejores juegos de la franquicia (si no, el mejor), también deja en evidencia que muchas de las decisiones que tomó Assassin’s Creed durante los últimos años quizás nunca fueron mejores que aquello que ya había construido en 2013.

EL CARIBE ES EL PROTAGONISTA
Voy a empezar con un consejo. Si nunca jugaron Black Flag, no corran detrás de la historia principal. Naveguen. Persigan barcos mercantes. Busquen naufragios. Escuchen cantar a la tripulación mientras el Jackdaw corta las olas del Caribe. Porque ahí está la verdadera esencia del juego.
Algo que este remake nos demuestra es que Black Flag nunca fue grande solamente por su historia. Lo fue porque consiguió construir uno de los mundos abiertos más vivos que tuvo Ubisoft.
Y eso sigue funcionando exactamente igual. La diferencia es que ahora todo luce muchísimo mejor. La primera vez que uno abandona el puerto y sale al mar abierto entiende rápidamente dónde estuvo puesto el mayor esfuerzo del remake.
El agua, las tormentas, la iluminación, la vegetación, los reflejos sobre el océano, la madera húmeda del Jackdaw, etc. Todo transmite una sensación de realismo impresionante.
Hay momentos donde uno simplemente deja de avanzar para contemplar el paisaje. Y si bien eso ya ocurría en la versión original del 2013, hoy sigue ocurriendo, pero ahora esta hiper anabolizado. Para entender lo que quiero decir, permítanme repetirme con un concepto que simplifica todo…
EL AGUA, ahhh siiii… ¡EL AGUA! ¡Como se ve el AGUA! ¡Que lujo por Dios!

HIPERREALISMO GRAFICO
En este remake, Ubisoft apostó por una iluminación mucho más agresiva y cinematográfica. Buscando un hiperrealismo brutal. Pero toda esa búsqueda del hiperrealismo también tiene su precio. Visualmente el resultado es extraordinario, casi que podés oler las olas rompiendo con furia contra el casco y las rocas, pero…
Jugablemente estas mejoras graficas no siempre funcionan como deberían.
Durante las noches más oscuras o en medio de las tormentas cuesta bastante distinguir enemigos, barcos e incluso algunos elementos del escenario. En tierra esto incluso ayuda a reforzar la sensación de infiltración y sigilo. Pero durante los combates navales muchas veces terminamos dependiendo más de la interfaz que de lo que realmente estamos viendo en pantalla.
Esto es una verdadera contradicción. Imagínense esto… Black Flag nunca se vio tan bien.
Pero en determinadas situaciones nunca había resultado tan difícil de leer, complicando la jugabilidad. Quizás levantar el brillo de la pantalla sirva para resolver esto, pero termina matando los negros. Al final todo es cuestión de encontrar el equilibrio.

MUCHO MAS QUE UN REMAKE
Creo que el mayor mérito de Black Flag Resynced no está en sus gráficos. Está en recordarnos cómo se sentía un Assassin’s Creed cuando todavía no necesitaba convertirse en un RPG de cien horas para justificar su existencia.
Después de Origins, Odyssey, Valhalla y hasta el reciente Shadows, volver a una aventura donde la progresión acompaña naturalmente a la historia resulta un verdadero alivio.
En Black Flag Resynced, Ubisoft no opto por hacer solo un remaster gráfico, sino por modernizar muchas mecánicas y elementos del juego a nivel de lore, progresión y control, conservando la esencia del juego original.
Para explicarlo bien, acá no existen árboles de habilidades interminables. No hay niveles que nos obliguen a detener la campaña principal para subir experiencia. Las nuevas herramientas aparecen cuando la aventura las necesita. Las mejoras del Jackdaw tienen sentido dentro del viaje de Edward. Y el mundo invita constantemente a desviarse del camino principal porque realmente dan ganas de explorarlo, no porque el juego nos llene el mapa de actividades para tachar.
Paradójicamente, un diseño con más de diez años sobre sus espaldas termina sintiéndose mucho más fresco que muchas propuestas actuales.
A eso Ubisoft le suma nuevas misiones, oficiales para nuestra tripulación, personajes inéditos y un epílogo completamente nuevo que expande la historia original sin romper su esencia.
Pero no todo el contenido agregado funciona igual de bien. El nuevo Animus Hub, que reemplaza las clásicas secciones de Abstergo, se siente bastante más frío y funcional, como una plataforma pensada para sostener eventos futuros más que para enriquecer la narrativa. Pero al final del día si bien no termina molestando como parece en un primer vistazo, tampoco consigue generar el mismo interés que despertaban aquellas secuencias fuera del Animus.

MAS MODERNO PUEDE NO SER MAS DIVERTIDO
Hay un aspecto donde Ubisoft decidió intervenir mucho más en este remake.
Los controles dentro del combate. Y sinceramente tengo sentimientos encontrados.
Los que jugamos Black Flag original recordamos perfectamente esa sensación de convertirnos en una máquina de pelear. Edward podía enfrentarse prácticamente solo a un ejército entero mientras las ejecuciones se encadenaban con una fluidez casi coreográfica.
¿Era exagerado?
Sin dudas, ¡Sí!
Pero también era increíblemente divertido.
En Black Flag Resynced el sistema apuesta por algo bastante más cercano a las entregas modernas. Lejos de esos controles a los que nos habíamos acostumbrado en juegos como los de la saga Arkham. Agrega una capa de dificultad al juego que nos exige mayor atención y sincronismo. Los bloqueos perfectos, los parrys, los tiempos de ataque, todo requiere que seamos más exactos para encadenar golpes y contra ataques. Menos automático, ¿más realista?. Quizás, pero también menos relajado.
Cada enemigo tiene mucho más peso dentro del combate. Objetivamente es un sistema más profundo. Pero también pierde parte de aquella fantasía de ser casi invencibles, o una especie de súper héroe, que caracterizaba al original.
Finalmente el cambio nunca llega a ser malo. Simplemente se siente distinto. Pero creo que más de un veterano va a extrañar aquella espectacularidad que convirtió los combates de Black Flag en uno de los mayores espectáculos de la saga.

NO TODO ES PERFECTO
Ubisoft trabajó duro para no traernos un simple remaster grafico de un juego viejo, y de hecho esa intención se nota y mucho. Black Flag Resynced es casi una reconstrucción total del juego sobre el nuevo Anvil, donde las mejoras a nivel de texturas, luces, sombras, trazado de rayos, etc. hacen del juego un espectáculo único, una fiesta para los sentidos. Pero hay algo que este remake consigue esconder durante varias horas, hasta que finalmente deja de hacerlo.
Debajo de toda esa nueva capa gráfica sigue estando el Black Flag de 2013. Y eso se nota. La inteligencia artificial continúa siendo extremadamente ingenua. Los enemigos siguen cayendo en los mismos trucos de siempre. El sigilo continúa siendo demasiado permisivo. También aparecen pequeñas asperezas heredadas en el parkour y algunos comportamientos extraños durante la navegación. De hecho, el diseño de los niveles, sigue siendo el mismo que los del original del 2013, lo que, a veces, le hereda cierta rigidez innecesaria.
Lo más loco de todo esto es que si los niveles se hubieran modificado, al haber jugado el original, nos hubiéramos quejado porque hubiéramos sentido raro el juego. Al final, es difícil conformarnos. Lo mejor es terminar aceptando lo que recibimos y felicitar a los equipos que trabajaron en tremenda producción.

LA DISYUNTIVA DE SIEMPRE ¿CALIDAD O RENDIMIENTO?
Como siempre digo cuando analizo un juego…
No soy de los que pasan la partida mirando cuántos cuadros por segundo marca un contador. Prefiero disfrutar la experiencia. Después de probar ambos modos terminé jugando casi toda la aventura en Rendimiento. Los 60 FPS hacen que navegar, combatir y recorrer las ciudades resulte mucho más agradable. Y sinceramente la diferencia gráfica con respecto al modo Calidad no me pareció lo suficientemente grande como para resignar esa fluidez.
No me mal interpreten, en el modo Calidad el juego se ve de ¡Pu… madre!. Es sencillamente una maravilla. Pero como en el modo Rendimiento la mejora grafica respecto al original es tan notoria, prefiero resignar un poco de calidad por obtener una experiencia mucho más fluida. En definitiva, como siempre digo, esa es mi sensación y cada jugador debe elegir lo que más le guste haciendo sus propias pruebas.
Lo importante es que, dejando de lado los detalles puntuales que mencioné antes, el rendimiento general del juego resulta muy sólido incluso durante las batallas navales más caóticas.

VOLVER A CASA
Assassin’s Creed Black Flag Resynced no es el remake perfecto por muy poco. Tiene decisiones discutibles…
Un combate que perdió parte de su personalidad. Una inteligencia artificial que acusa el paso del tiempo.
Pero aun así consigue algo mucho más importante. Hace que volvamos a sentir exactamente lo mismo que sentimos hace más de diez años cuando izábamos las velas del Jackdaw por primera vez.
Y eso no ocurre solo gracias al trazado de rayos, ni a las nuevas texturas, ni a los reflejos sobre el agua, ni a la vegetación orgánica, que ciertamente potencian muchísimo la sensación inmersiva del juego.
Ocurre porque Black Flag sigue siendo un videojuego extraordinario. Uno de esos títulos que no necesitan reinventarse para demostrar por qué marcaron una época y siguen estando más vigentes que nunca. A veces creemos que una saga sólo puede evolucionar agregando sistemas, contenido y mapas cada vez más grandes.
Pero Black Flag Resynced demuestra justamente lo contrario…
Que, de vez en cuando, mirar hacia atrás también puede ser la mejor forma de avanzar.

G-SCORE: 86
Una fiesta visual que potencia un juego inoxidable.


Probado en: Xbox Series X
Plataformas Adicionales: PC, Playstation 5
Desarrollador: Ubisoft Singapore
Distribuidor: Ubisoft

Disponible Ya

Nota: Guillermo Triñanes @Mrthanatos para GNOVA #14 – Agradecemos a Ubisoft Latam por el código
cedido para análisis.

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